Hacer el análisis morfológico completo de una oración significa estudiar cada palabra por separado: decir a qué categoría gramatical pertenece, cuáles son sus rasgos de flexión (género, número, persona, tiempo, modo…), cómo está formada por dentro y, en el caso del verbo, todos sus accidentes. En 4.º de ESO se espera un análisis preciso y ordenado.
Las palabras se dividen en variables, que admiten morfemas flexivos (sustantivo, adjetivo, determinante, pronombre y verbo), e invariables, que no cambian de forma (adverbio, preposición, conjunción e interjección).
Qué hay que indicar de cada categoría:
Cuidado con las palabras que cambian de categoría según su uso. Este es determinante en «este libro» (acompaña al sustantivo) y pronombre en «Quiero este» (lo sustituye). Bajo puede ser adjetivo («un chico bajo»), preposición («bajo la mesa») o adverbio («habla bajo»). Por eso, la categoría se decide siempre mirando la palabra dentro de la oración.
En un análisis completo también se describe la estructura de la palabra:
Según su formación, la palabra puede ser simple (mar), derivada (marinero), compuesta (sacacorchos) o parasintética (entristecer: en- + trist- + -ecer, sin que existan *entriste ni *tristecer).
Análisis de «Mis abuelos nos contaban historias maravillosas durante el verano».
En la forma verbal «cantaríamos» (cant-a-ría-mos), ¿qué información aporta el morfema «-ría-»?
Según su formación, ¿qué tipo de palabra es «entristecer»?
El siglo XVIII es el siglo de la Ilustración (también llamado Siglo de las Luces), un movimiento intelectual europeo que defiende la razón, la ciencia y el progreso como motores de la civilización. En literatura, la Ilustración se traduce en el Neoclasicismo, un movimiento que recupera las normas y los ideales de la antigüedad clásica (equilibrio, mesura, buen gusto, función didáctica) y rechaza los excesos del Barroco.
En España, el siglo XVIII comienza con la Guerra de Sucesión (1701-1713) y la llegada de la dinastía borbónica. Los Borbones impulsan reformas ilustradas: creación de la Real Academia Española (1713), la Biblioteca Nacional (1712) y las Sociedades Económicas de Amigos del País. Se promueve la educación, la ciencia y la modernización del país, aunque con resistencias por parte de los sectores conservadores.
• Finalidad didáctica: la literatura debe enseñar, instruir y ser útil a la sociedad. El lema es prodesse et delectare (enseñar y deleitar).
• Predominio de la razón: se rechazan los excesos imaginativos y emocionales del Barroco. El escritor debe ser racional, mesurado y equilibrado.
• Reglas clásicas: se respetan las tres unidades del teatro (acción, tiempo, lugar), se separan los géneros (no se mezcla comedia con tragedia) y se sigue el «buen gusto».
• Lenguaje: claro, sencillo, preciso, sin ornamentación innecesaria.
• Temas: la educación, la crítica de los vicios sociales, el progreso científico, las costumbres, la moral.
El ensayo es el género por excelencia de la Ilustración, pues permite reflexionar, argumentar y difundir ideas de forma clara y razonada.
Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) escribió el Teatro crítico universal y las Cartas eruditas, obras enciclopédicas en las que combate supersticiones, errores populares y prejuicios mediante el razonamiento y la ciencia. Es considerado el primer ensayista moderno en lengua española.
Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) fue político, jurista y escritor. Su Informe sobre la Ley Agraria es un modelo de prosa ilustrada: analiza con rigor los problemas del campo español y propone reformas basadas en la razón y la economía.
Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) es el dramaturgo más importante del Neoclasicismo español. Su obra maestra, El sí de las niñas (1806), critica los matrimonios concertados por interés económico y defiende la libertad de elección de la mujer. La obra respeta las tres unidades (la acción transcurre en una posada, en una sola noche) y tiene una clara intención didáctica.
La poesía del siglo XVIII es generalmente considerada menor en comparación con la del Barroco. Se cultivan fábulas moralizantes (Tomás de Iriarte y Félix María Samaniego), odas filosóficas y poesía anacreóntica (de tema amoroso ligero).
A finales del siglo, aparece el Prerromanticismo, que anticipa el movimiento romántico del siglo XIX con temas como el sentimiento, la melancolía, la naturaleza agreste y la rebeldía. José Cadalso (Noches lúgubres, 1789) es el principal representante español de esta corriente.
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