Las fábulas son cuentos cortos, generalmente protagonizados por animales que hablan y se comportan como personas. Lo más especial de las fábulas es que siempre terminan con una moraleja: una enseñanza que nos ayuda a ser mejores.
Las fábulas son muy antiguas. Hace miles de años, un hombre llamado Esopo escribió muchas fábulas en Grecia. Otro escritor famoso de fábulas fue Félix María Samaniego, que era español.
La moraleja es la lección o enseñanza que nos deja la fábula. Normalmente aparece al final y nos enseña cómo debemos comportarnos. Por ejemplo: «No debemos mentir», «Hay que ser generosos», «El esfuerzo tiene su recompensa»...
Era verano y hacía mucho calor. Una cigarra cantaba feliz todo el día debajo de un árbol. No hacía nada más que cantar y disfrutar del sol.
Cerca de allí, una hormiga trabajaba sin parar. Llevaba granos de trigo a su hormiguero, uno a uno, con mucho esfuerzo. La cigarra se burló de ella: «¿Por qué trabajas tanto, hormiga? ¡Es verano! Ven a cantar conmigo y a disfrutar del buen tiempo».
La hormiga contestó: «No puedo, cigarra. Estoy guardando comida para el invierno. Cuando haga frío y no haya nada que comer, tendré mis reservas. Tú deberías hacer lo mismo».
Pero la cigarra no le hizo caso y siguió cantando.
Llegó el invierno. Hacía mucho frío y la nieve cubría todo el campo. La cigarra no tenía nada que comer y estaba helada de frío. Fue a la casa de la hormiga y le pidió ayuda: «Hormiga, por favor, dame algo de comer. No tengo nada».
La hormiga, que era generosa, compartió su comida con la cigarra, pero le dijo: «La próxima vez, acuérdate de trabajar en verano para tener comida en invierno».
Moraleja: Hay que trabajar y esforzarse para estar preparados cuando lleguen los tiempos difíciles.
Un león dormía tranquilamente en la selva cuando un pequeño ratón pasó corriendo sobre su nariz y lo despertó. El león, enfadado, atrapó al ratón con su enorme zarpa.
«¡Te voy a comer por haberme despertado!», rugió el león. El ratón, muerto de miedo, suplicó: «Por favor, señor león, déjame ir. Soy muy pequeño y no te llenaría la barriga. Si me dejas libre, algún día podré devolverte el favor».
El león se echó a reír. «¿Tú, ayudarme a mí? ¡Pero si eres diminuto!». Sin embargo, el león era bondadoso y dejó marchar al ratón.
Pasaron varias semanas. Un día, el león cayó en una trampa hecha con una red de cuerdas. Por más que lo intentaba, no podía liberarse. Rugía con todas sus fuerzas pidiendo ayuda.
El ratoncito oyó los rugidos y corrió a ayudarlo. Con sus pequeños pero afilados dientes, roó las cuerdas de la red una a una hasta que el león quedó libre. «¿Ves, señor león? Aunque soy pequeño, he podido ayudarte», dijo el ratón con una sonrisa.
El león le dio las gracias y desde aquel día fueron grandes amigos.
Moraleja: No debemos despreciar a nadie por ser pequeño. Todos podemos ayudar a los demás.
Las fábulas son cuentos cortos que generalmente tienen personajes animales, como las hormigas, las abejas, o incluso pájaros que hablan. El hecho de que siempre terminen con una moraleja hace de ellas una herramienta poderosa para enseñar lecciones sobre comportamientos apropiados. Por ejemplo, cuando la hormiga trabaja durante el verano para prepararse para el invierno, la moraleja podría ser: "No debemos dejar las tareas por hacer, ya que la vida puede ser incierta y no siempre se sabe cuándo se necesitará algo de preparación." La moraleja de la fábula de la cigarra y la hormiga es: "Hay que trabajar y esforzarse para estar preparados cuando lleguen los tiempos difíciles."
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