Cuando hablamos o escribimos, no siempre buscamos lo mismo: a veces queremos informar, otras expresar lo que sentimos, convencer a alguien, comprobar que nos escuchan o jugar con las palabras. Estas intenciones se llaman funciones del lenguaje. El lingüista Roman Jakobson las relacionó con los elementos de la comunicación. En esta lección aprenderás a reconocerlas.
Cada función se centra en un elemento de la comunicación y tiene unos rasgos lingüísticos propios:
Un mismo mensaje suele cumplir varias funciones a la vez, pero casi siempre hay una que predomina. Por ejemplo, un eslogan publicitario con rima es a la vez apelativo (quiere que compremos) y poético (juega con los sonidos). Para identificar la función predominante, pregúntate: ¿en qué elemento de la comunicación se fija sobre todo el mensaje? Si habla de la realidad, será referencial; si muestra lo que siente el emisor, expresiva; si busca una respuesta o una acción del receptor, apelativa; y así con las demás.
Identifiquemos la función predominante en tres mensajes:
Durante una llamada, alguien dice: «Oye, ¿me oyes bien? ¿Sigues ahí?». ¿Qué función del lenguaje predomina?
¿Qué función del lenguaje predomina en «“Lápiz” es una palabra llana terminada en -z»?
Los textos se clasifican según la intención comunicativa del autor. En este tema estudiaremos dos de los tipos más frecuentes: la narración y la descripción. Ambos son fundamentales tanto en la vida cotidiana como en la literatura.
Una narración es un tipo de texto que cuenta una serie de hechos o acontecimientos que les ocurren a unos personajes en un lugar y un tiempo determinados. Narrar es, en esencia, contar historias. Lo hacemos a diario: cuando relatamos lo que nos ha pasado en el recreo, cuando contamos un chiste, cuando explicamos cómo fue nuestro fin de semana.
Toda narración tiene unos elementos esenciales:
La estructura clásica de una narración consta de tres partes:
1. Planteamiento (o introducción): se presentan los personajes, el lugar, el tiempo y la situación inicial. Es el punto de partida de la historia, donde se establece el contexto necesario para comprender lo que vendrá después.
2. Nudo (o desarrollo): se produce un conflicto o problema que altera la situación inicial. Es la parte más extensa e interesante, donde la acción avanza y se generan expectativas en el lector. Pueden aparecer complicaciones, giros inesperados y momentos de tensión.
3. Desenlace (o final): el conflicto se resuelve de alguna manera. Puede ser un final feliz, triste, abierto (el lector decide) o sorprendente (giro inesperado).
El narrador puede contar la historia desde diferentes puntos de vista:
Una descripción es un tipo de texto que presenta las características de personas, animales, objetos, lugares o situaciones. Describir es «pintar con palabras», crear imágenes mentales en quien lee o escucha. Una buena descripción utiliza adjetivos, comparaciones y detalles sensoriales (lo que se ve, se oye, se huele, se toca, se saborea).
Existen varios tipos de descripción según lo que se describe:
Para que una descripción sea clara y ordenada, conviene seguir un criterio:
• De lo general a lo particular: primero una visión de conjunto, después los detalles. «La casa era grande y antigua. Las ventanas del primer piso tenían contraventanas verdes...»
• De arriba abajo: al describir a una persona, empezar por el pelo y terminar por los pies.
• De fuera a dentro: primero el aspecto exterior, después el carácter o el interior.
• Del primer plano al fondo: en un paisaje, lo más cercano primero y lo más lejano después.
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