¿Podemos conocer la verdad? ¿Es la misma para todos? Ante estas preguntas caben varias actitudes: confiar plenamente en nuestro conocimiento (dogmatismo), dudar de todo (escepticismo), pensar que la verdad depende de cada cual (relativismo) o sostener que cada punto de vista capta una parte de la realidad (perspectivismo). Esta lección las compara.
1. Dogmatismo. Es la postura que confía en que podemos conocer la verdad con certeza y no somete ese conocimiento a examen crítico. Hay un dogmatismo ingenuo, propio de la actitud cotidiana (creer que las cosas son tal como las vemos), y un dogmatismo filosófico: Kant llamó «dogmática» a la metafísica racionalista, que pretendía conocer a Dios o el alma sin examinar antes los límites de la razón. Su peligro es la intolerancia: quien se cree en posesión de la verdad absoluta no escucha.
2. Escepticismo. En el extremo contrario, el escepticismo duda de que podamos alcanzar un conocimiento seguro. Pirrón de Elis (siglos IV-III a. C.) recomendaba suspender el juicio (epojé) para alcanzar la tranquilidad. El escepticismo radical tiene un problema: afirmar «no podemos conocer nada» ya pretende ser un conocimiento.
3. Relativismo. Sostiene que no hay verdades universales: la verdad depende del individuo, la cultura o la época. Su formulación clásica es del sofista Protágoras (siglo V a. C.): «El hombre es la medida de todas las cosas». El relativismo cultural recuerda, con razón, que muchas costumbres varían entre sociedades. Pero el relativismo radical recibe una objeción clásica, ya planteada por Platón: se refuta a sí mismo. Si «toda verdad es relativa», esa afirmación también lo es, y no puede imponerse a quien piensa lo contrario. Además, si todo vale igual, no podríamos decir que la esclavitud es injusta ni que una teoría científica es mejor que otra.
4. Perspectivismo. Admite que todo conocimiento se hace desde un punto de vista, pero no concluye que «todo vale».
Así, el perspectivismo de Ortega evita a la vez el dogmatismo (nadie posee la visión total) y el relativismo (las perspectivas no se anulan, se completan).
Ejemplo 1. Identificar posturas.
Ejemplo 2. Analizar la autorrefutación. Alguien dice: «Ninguna afirmación es verdadera para todos». Preguntamos: ¿lo es esa misma afirmación? Si dice que sí, ya hay al menos una verdad para todos y su tesis es falsa. Si dice que no, admite que puede no valer para nosotros, y no tenemos por qué aceptarla. En ambos casos, el relativismo radical no se sostiene.
«El hombre es la medida de todas las cosas». ¿Quién lo afirmó y qué postura expresa?
Según el perspectivismo de Ortega y Gasset:
El siglo XX es un siglo de crisis: dos guerras mundiales, el Holocausto, la bomba atómica, los totalitarismos. La filosofía responde a estas crisis con nuevas corrientes que cuestionan la razón, la libertad y el sentido de la existencia humana. El existencialismo se convierte en la filosofía dominante de mediados de siglo, mientras que la ética y la filosofía política contemporáneas buscan nuevos fundamentos para la justicia y los derechos humanos.
Jean-Paul Sartre (1905-1980) es el filósofo existencialista más conocido. Su tesis central: «La existencia precede a la esencia.» El ser humano no tiene una naturaleza fija predeterminada (una «esencia» dada por Dios o por la naturaleza); primero existe, y luego se define a sí mismo a través de sus elecciones y acciones.
Consecuencias de esta tesis:
• Libertad radical: el ser humano está «condenado a ser libre». No puede no elegir (incluso no elegir es una elección). La libertad es absoluta e ineludible.
• Responsabilidad absoluta: si somos libres, somos plenamente responsables de lo que hacemos y de lo que somos. No hay excusas: ni la naturaleza, ni Dios, ni la sociedad me determinan.
• Angustia: la libertad absoluta genera angustia, porque no hay guía ni receta previa para nuestras decisiones. Estamos solos frente a la elección.
• Mala fe (mauvaise foi): actitud de quien niega su libertad y responsabilidad, refugiándose en excusas como «no tengo elección», «es mi naturaleza», «todo el mundo lo hace».
• El compromiso: al elegir, no solo me elijo a mí mismo, sino que elijo un modelo de humanidad. La ética existencialista exige compromiso con la libertad propia y ajena.
Martin Heidegger (1889-1976) aborda la existencia humana desde la pregunta por el ser. En Ser y tiempo (1927), analiza el Dasein (el «ser-ahí» humano) como un ser arrojado al mundo, temporal, finito, orientado hacia la muerte. La autenticidad consiste en asumir la propia finitud y no huir de la muerte en la existencia cotidiana e impersonal del «se dice», «se hace», «se piensa».
Hannah Arendt (1906-1975) analizó los totalitarismos del siglo XX y reflexionó sobre la naturaleza del mal político. Al asistir al juicio de Adolf Eichmann (responsable de la logística del Holocausto), Arendt acuñó el concepto de la «banalidad del mal»: Eichmann no era un monstruo demoníaco, sino un burócrata mediocre que cumplía órdenes sin pensar. El mal más terrible no siempre procede de la maldad, sino de la ausencia de pensamiento, de la incapacidad de ponerse en el lugar del otro y de la obediencia ciega a la autoridad.
a) Utilitarismo (Bentham, Mill, Singer): una acción es moralmente buena si produce la mayor felicidad para el mayor número. La corrección moral se mide por las consecuencias. Peter Singer aplica este principio a los derechos de los animales y la pobreza global.
b) Ética del discurso (Habermas, Apel): las normas morales son válidas si pueden ser aceptadas por todos los afectados en un diálogo racional libre de coacción. Es una actualización del imperativo categórico kantiano en clave comunicativa.
c) Ética de la responsabilidad (Hans Jonas): ante el poder de la tecnología moderna (nuclear, genética, ecológica), la ética debe orientarse hacia el futuro: somos responsables de las consecuencias de nuestras acciones sobre las generaciones futuras y sobre la naturaleza. Su imperativo: «Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana sobre la tierra.»
John Rawls (1921-2002) propone en Teoría de la justicia (1971) los principios de una sociedad justa mediante el experimento mental del «velo de ignorancia»: imagina que debes diseñar las reglas de la sociedad sin saber qué posición ocuparás en ella (rico o pobre, hombre o mujer, sano o enfermo). Tras el velo, elegirías:
• Primer principio: libertades básicas iguales para todos (libertad de expresión, religión, voto, etc.).
• Segundo principio: las desigualdades sociales y económicas solo son aceptables si benefician a los miembros menos favorecidos de la sociedad (principio de diferencia).
Robert Nozick respondió a Rawls desde una posición libertaria: el Estado solo debe proteger los derechos individuales (vida, libertad, propiedad); cualquier redistribución coactiva de la renta viola la libertad. Un Estado mínimo es el único Estado legítimo.
La estética es la rama de la filosofía que estudia la belleza, el arte y la experiencia estética. Desde Platón (que desconfiaba del arte como imitación de la imitación) hasta las vanguardias del siglo XX (que cuestionan la propia definición de arte), la pregunta «¿qué es el arte?» ha recibido respuestas muy diversas:
• Platón: el arte es imitación (mimesis) de la realidad sensible, que a su vez es imitación de las Ideas. El arte aleja de la verdad.
• Aristóteles: el arte es imitación creativa que produce catarsis (purificación emocional). Tiene valor educativo y terapéutico.
• Kant: lo bello produce un placer desinteresado y universal; el juicio estético aspira a la universalidad sin basarse en conceptos.
• Hegel: el arte es la manifestación sensible de la Idea (del espíritu absoluto).
• Arte contemporáneo: Duchamp, Warhol y otros cuestionan los límites del arte. Si un urinario puede ser arte (Duchamp, La fuente, 1917), ¿todo puede ser arte?
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