¿Hasta dónde puede llegar el conocimiento humano? ¿Qué distingue una teoría científica de una que solo lo parece? En esta lección estudiamos dos respuestas decisivas: la de Immanuel Kant (1724-1804), que fijó los límites de la razón, y la de Karl Popper (1902-1994), que propuso el falsacionismo como criterio para reconocer la ciencia.
1. La síntesis kantiana. En la Crítica de la razón pura (1781), Kant intenta superar el enfrentamiento entre racionalistas y empiristas. Acepta del empirismo que todo conocimiento comienza con la experiencia, pero añade, contra él, que no todo conocimiento procede de la experiencia: el sujeto aporta unas estructuras a priori (independientes de la experiencia) que ordenan lo que recibimos. Lo resume así: «Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas».
2. Tipos de juicios. Kant distingue:
3. Las facultades del conocimiento. La sensibilidad recibe los datos a través de las formas a priori de espacio y tiempo. El entendimiento los organiza con conceptos puros o categorías (como la causalidad). La razón busca lo incondicionado y produce las ideas de alma, mundo y Dios. Este cambio de enfoque, en el que es el objeto el que se adapta al sujeto que conoce, es el llamado giro copernicano.
4. Los límites del conocimiento. Solo conocemos los fenómenos (las cosas tal como se nos aparecen), nunca el noúmeno o «cosa en sí». Como las ideas de alma, mundo y Dios no corresponden a ninguna experiencia posible, la metafísica no puede ser ciencia: podemos pensar esas ideas, pero no conocerlas.
5. Popper y el falsacionismo. En La lógica de la investigación científica (1934), Popper parte del problema de la inducción planteado por Hume: por muchos cisnes blancos que observemos, nunca quedará demostrado que «todos los cisnes son blancos»; en cambio, basta un cisne negro para refutarlo. Por eso rechaza el verificacionismo del Círculo de Viena y propone el criterio de falsabilidad: una teoría es científica si puede ser sometida a pruebas que, en principio, podrían refutarla. La ciencia avanza mediante conjeturas y refutaciones: las teorías que superan las pruebas quedan corroboradas, pero nunca definitivamente verificadas. Las teorías que se acomodan a cualquier resultado (Popper ponía como ejemplos la astrología o el psicoanálisis) no son científicas.
Ejemplo 1. Clasificar juicios según Kant.
Ejemplo 2. Aplicar el criterio de Popper. «Todos los metales se dilatan al calentarse» es falsable: basta encontrar un metal que no se dilate para refutarla. «Esta semana te ocurrirá algo importante» no es falsable: ocurra lo que ocurra, puede interpretarse como cumplida. La primera es científica; la segunda, no.
Según Kant, ¿qué tipo de juicio es «7 + 5 = 12»?
Según el criterio de falsabilidad de Popper, ¿cuál de estos enunciados es científico?
René Descartes (1596-1650) es considerado el padre de la filosofía moderna. Con él se inicia un nuevo modo de filosofar que rompe con la tradición medieval y sitúa al sujeto pensante en el centro de la reflexión filosófica. Su pregunta fundamental es: ¿qué puedo conocer con absoluta certeza? Su método: la duda metódica.
El contexto histórico es crucial para entender a Descartes: el Renacimiento ha cuestionado las autoridades medievales; la Reforma protestante ha dividido la cristiandad; la revolución científica (Copérnico, Galileo, Kepler) está transformando la visión del universo. En este clima de incertidumbre, Descartes busca un fundamento absolutamente seguro para el conocimiento.
Descartes decide dudar de todo aquello de lo que sea posible dudar, por remotamente que sea, hasta encontrar algo de lo que sea absolutamente imposible dudar. La duda cartesiana no es escéptica (no pretende destruir el conocimiento), sino metódica (es un instrumento para encontrar la certeza).
Los motivos de duda se presentan en grados crecientes de radicalidad:
1.º Los sentidos engañan: a veces vemos cosas que no son como parecen (un palo sumergido en agua parece quebrado). Si los sentidos nos han engañado alguna vez, no podemos fiarnos de ellos.
2.º El argumento del sueño: cuando soñamos, las experiencias nos parecen reales. ¿Cómo sabemos que no estamos soñando ahora mismo? No hay criterio seguro para distinguir la vigilia del sueño.
3.º El genio maligno: podría existir un ser todopoderoso y engañador (un «genio maligno») que nos hiciera creer que 2+2=4 cuando en realidad es falso. Este argumento extremo pone en duda incluso las verdades matemáticas.
Tras aplicar la duda a todo, Descartes descubre algo de lo que es absolutamente imposible dudar: el hecho mismo de que estoy dudando. Si dudo, pienso; y si pienso, existo. Incluso si un genio maligno me engaña en todo, no puede engañarme sobre el hecho de que existo mientras pienso. Esta es la primera verdad absolutamente cierta:
El Cogito no es un argumento lógico (no es una deducción), sino una intuición: la captación inmediata e indudable de la propia existencia como ser pensante.
A partir del Cogito, Descartes establece que el «yo» es fundamentalmente una sustancia pensante (res cogitans): un ser cuya esencia es pensar (dudar, imaginar, sentir, querer). El cuerpo, en cambio, es una sustancia extensa (res extensa): materia que ocupa un espacio y se rige por las leyes de la mecánica.
Este dualismo radical plantea un problema filosófico enorme: ¿cómo pueden interactuar dos sustancias completamente diferentes (mente inmaterial y cuerpo material)? Descartes propuso (sin convencer a nadie) que la interacción se produce en la glándula pineal del cerebro. Este «problema mente-cuerpo» sigue abierto en la filosofía de la mente contemporánea.
Descartes necesita demostrar la existencia de Dios para garantizar que el mundo exterior existe realmente (y no es una ilusión del genio maligno). Ofrece tres pruebas:
a) Argumento de la idea de perfección: tengo en mi mente la idea de un ser perfecto e infinito. Yo, que soy imperfecto y finito, no puedo ser la causa de esa idea; solo un ser perfecto e infinito puede haberla puesto en mí. Luego Dios existe.
b) Argumento de la causalidad de mi existencia: yo existo y tengo la idea de perfección; la causa de mi existencia debe ser un ser que posea toda la perfección que encuentro en esa idea.
c) Argumento ontológico: la existencia pertenece a la esencia de Dios, del mismo modo que tener tres ángulos pertenece a la esencia del triángulo. Un ser perfecto al que le faltara la existencia no sería perfecto. Luego Dios necesariamente existe.
Una vez demostrada la existencia de un Dios veraz (que no engaña), Descartes puede confiar en que el mundo exterior existe realmente y en que las verdades claras y distintas que capta la razón son fiables.
En el Discurso del método (1637), Descartes formula las cuatro reglas de su método:
1. Evidencia: no aceptar nada como verdadero si no se presenta con claridad y distinción a la mente.
2. Análisis: dividir cada problema en las partes más simples posibles.
3. Síntesis: proceder ordenadamente de lo más simple a lo más complejo.
4. Enumeración: hacer revisiones completas para no omitir nada.
Este método, inspirado en las matemáticas, busca extender la certeza geométrica a todos los campos del conocimiento. Descartes aplicó este método a la filosofía, la física y las matemáticas (inventó la geometría analítica: los «ejes cartesianos»).
Descartes inaugura el racionalismo, corriente que sostiene que la fuente principal del conocimiento es la razón, no los sentidos. Las verdades fundamentales son innatas (están en la mente antes de toda experiencia). Otros racionalistas importantes son Spinoza (1632-1677), que identifica Dios con la Naturaleza (Deus sive Natura), y Leibniz (1646-1716), que propone las mónadas como unidades de realidad y el «mejor de los mundos posibles».
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