Immanuel Kant realizó una síntesis entre dos corrientes filosóficas enfrentadas para explicar el conocimiento humano. ¿Cuáles son esas corrientes?
¿Qué propone el falsacionismo de Karl Popper como criterio para distinguir una teoría científica de una que no lo es?
René Descartes (1596-1650) es considerado el padre de la filosofía moderna. Con él se inicia un nuevo modo de filosofar que rompe con la tradición medieval y sitúa al sujeto pensante en el centro de la reflexión filosófica. Su pregunta fundamental es: ¿qué puedo conocer con absoluta certeza? Su método: la duda metódica.
El contexto histórico es crucial para entender a Descartes: el Renacimiento ha cuestionado las autoridades medievales; la Reforma protestante ha dividido la cristiandad; la revolución científica (Copérnico, Galileo, Kepler) está transformando la visión del universo. En este clima de incertidumbre, Descartes busca un fundamento absolutamente seguro para el conocimiento.
Descartes decide dudar de todo aquello de lo que sea posible dudar, por remotamente que sea, hasta encontrar algo de lo que sea absolutamente imposible dudar. La duda cartesiana no es escéptica (no pretende destruir el conocimiento), sino metódica (es un instrumento para encontrar la certeza).
Los motivos de duda se presentan en grados crecientes de radicalidad:
1.º Los sentidos engañan: a veces vemos cosas que no son como parecen (un palo sumergido en agua parece quebrado). Si los sentidos nos han engañado alguna vez, no podemos fiarnos de ellos.
2.º El argumento del sueño: cuando soñamos, las experiencias nos parecen reales. ¿Cómo sabemos que no estamos soñando ahora mismo? No hay criterio seguro para distinguir la vigilia del sueño.
3.º El genio maligno: podría existir un ser todopoderoso y engañador (un «genio maligno») que nos hiciera creer que 2+2=4 cuando en realidad es falso. Este argumento extremo pone en duda incluso las verdades matemáticas.
Tras aplicar la duda a todo, Descartes descubre algo de lo que es absolutamente imposible dudar: el hecho mismo de que estoy dudando. Si dudo, pienso; y si pienso, existo. Incluso si un genio maligno me engaña en todo, no puede engañarme sobre el hecho de que existo mientras pienso. Esta es la primera verdad absolutamente cierta:
El Cogito no es un argumento lógico (no es una deducción), sino una intuición: la captación inmediata e indudable de la propia existencia como ser pensante.
A partir del Cogito, Descartes establece que el «yo» es fundamentalmente una sustancia pensante (res cogitans): un ser cuya esencia es pensar (dudar, imaginar, sentir, querer). El cuerpo, en cambio, es una sustancia extensa (res extensa): materia que ocupa un espacio y se rige por las leyes de la mecánica.
Este dualismo radical plantea un problema filosófico enorme: ¿cómo pueden interactuar dos sustancias completamente diferentes (mente inmaterial y cuerpo material)? Descartes propuso (sin convencer a nadie) que la interacción se produce en la glándula pineal del cerebro. Este «problema mente-cuerpo» sigue abierto en la filosofía de la mente contemporánea.
Descartes necesita demostrar la existencia de Dios para garantizar que el mundo exterior existe realmente (y no es una ilusión del genio maligno). Ofrece tres pruebas:
a) Argumento de la idea de perfección: tengo en mi mente la idea de un ser perfecto e infinito. Yo, que soy imperfecto y finito, no puedo ser la causa de esa idea; solo un ser perfecto e infinito puede haberla puesto en mí. Luego Dios existe.
b) Argumento de la causalidad de mi existencia: yo existo y tengo la idea de perfección; la causa de mi existencia debe ser un ser que posea toda la perfección que encuentro en esa idea.
c) Argumento ontológico: la existencia pertenece a la esencia de Dios, del mismo modo que tener tres ángulos pertenece a la esencia del triángulo. Un ser perfecto al que le faltara la existencia no sería perfecto. Luego Dios necesariamente existe.
Una vez demostrada la existencia de un Dios veraz (que no engaña), Descartes puede confiar en que el mundo exterior existe realmente y en que las verdades claras y distintas que capta la razón son fiables.
En el Discurso del método (1637), Descartes formula las cuatro reglas de su método:
1. Evidencia: no aceptar nada como verdadero si no se presenta con claridad y distinción a la mente.
2. Análisis: dividir cada problema en las partes más simples posibles.
3. Síntesis: proceder ordenadamente de lo más simple a lo más complejo.
4. Enumeración: hacer revisiones completas para no omitir nada.
Este método, inspirado en las matemáticas, busca extender la certeza geométrica a todos los campos del conocimiento. Descartes aplicó este método a la filosofía, la física y las matemáticas (inventó la geometría analítica: los «ejes cartesianos»).
Descartes inaugura el racionalismo, corriente que sostiene que la fuente principal del conocimiento es la razón, no los sentidos. Las verdades fundamentales son innatas (están en la mente antes de toda experiencia). Otros racionalistas importantes son Spinoza (1632-1677), que identifica Dios con la Naturaleza (Deus sive Natura), y Leibniz (1646-1716), que propone las mónadas como unidades de realidad y el «mejor de los mundos posibles».
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