El verbo latino, como el español, cambia su forma para indicar la persona, el número y el tiempo. En esta lección aprenderás a reconocer las cuatro conjugaciones y los seis tiempos del modo indicativo en voz activa, que son la base para traducir cualquier texto.
El enunciado. Un verbo se enuncia con cinco formas: amō, amās, amāre, amāvī, amātum (1.ª persona del presente, 2.ª persona, infinitivo, 1.ª persona del perfecto y supino). El infinitivo indica la conjugación:
Para distinguir la 2.ª de la 3.ª mira también la primera forma: moneō lleva -eō, mientras que legō no.
Dos temas, dos grupos de tiempos. Del enunciado salen dos temas:
Marcas de cada tiempo (se colocan entre el tema y la desinencia personal -ō/-m, -s, -t, -mus, -tis, -nt):
Truco: si ves el tema de perfecto, la acción está acabada (perfecto, pluscuamperfecto o futuro perfecto); si ves el tema de presente, está en curso o aún no ha empezado.
Analizamos tres formas paso a paso:
¿En qué tiempo está la forma amābimus, del verbo amō, amāre?
Del verbo legō, legis, legĕre, lēgī, lectum (leer), ¿qué forma significa «habían leído»?
En las lecciones anteriores hemos estudiado el verbo latino en voz activa, donde el sujeto realiza la acción: Caesar Galliam vīcit (César venció la Galia). En esta lección aprenderemos la voz pasiva, donde el sujeto recibe la acción: Gallia ā Caesare victa est (La Galia fue vencida por César). Además, profundizaremos en la sintaxis de la oración latina: sujeto, predicado y complementos.
La voz pasiva del presente y del imperfecto se forma sustituyendo las desinencias activas por las desinencias pasivas:
Presente pasivo de amo, amāre:
El perfecto pasivo se forma de manera completamente distinta: con el participio de perfecto pasivo (una forma adjetival que concuerda con el sujeto) + el verbo esse en presente:
La oración latina, como la española, se articula en torno a un sujeto y un predicado. Sin embargo, el latín tiene particularidades importantes:
1. Sujeto (nominativo): el que realiza la acción (activa) o la recibe (pasiva). Puede omitirse si la desinencia verbal lo indica: Amō = (yo) amo.
2. Predicado: puede ser verbal (verbo predicativo: Mīles pugnat) o nominal (verbo copulativo + atributo: Rōma magna est).
3. Complemento directo (acusativo): Puella rosam videt → La muchacha ve la rosa.
4. Complemento indirecto (dativo): Magister discipulīs librōs dat → El maestro da libros a los alumnos.
5. Complemento del nombre (genitivo): Domus dominī magna est → La casa del señor es grande.
6. Complementos circunstanciales (ablativo, a veces con preposición):
• Lugar: in urbe (en la ciudad) / in urbem (hacia la ciudad, con acusativo)
• Instrumento: gladiō (con la espada, ablativo sin preposición)
• Compañía: cum amīcīs (con los amigos)
• Tiempo: hieme (en invierno)
El estudio del latín no puede separarse del conocimiento de la civilización romana, una de las más influyentes de la historia. Roma nos legó el derecho (base de los sistemas jurídicos occidentales), la ingeniería (calzadas, acueductos, puentes), el urbanismo (plano ortogonal, foro, termas, anfiteatro), la literatura (Virgilio, Ovidio, Cicerón, Séneca) y, sobre todo, la lengua latina, de la que nacieron las lenguas romances que hablan hoy más de 900 millones de personas.
La mitología romana, heredada en gran parte de la griega, ha dejado una huella permanente en el léxico español: los días de la semana (Lūnae diēs → lunes, Martis diēs → martes, Mercuriī diēs → miércoles, Iovis diēs → jueves, Veneris diēs → viernes), los meses (enero → Iānuārius, de Jano; marzo → Mārtius, de Marte; julio → Iūlius, de Julio César; agosto → Augustus, de Augusto), los planetas y muchas expresiones cotidianas.
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